El actuar que tenemos las personas en la vida, es y ha sido tema desde la antigüedad. El concepto de Ética de manera común la explicamos cuando una persona conoce lo que está bien y lo que está mal, es decir sabe hacer esa distinción y elige lo que está bien. Las decisiones que tomamos en asuntos personales y profesionales van construyendo a nuestro alrededor un concepto de nosotros mismos, algunos pueden decir que es lo que llamamos la reputación. ¿Qué decisiones hemos tomado? ¿Cuáles de esas decisiones tienen implicaciones éticas? ¿Es la Ética algo que aplicamos en nuestro actuar en todas las decisiones? Son estas preguntas y seguramente hay muchas más que los seres humanos nos hemos hecho cuando se presentan situaciones en la vida cotidiana como, respetar un reglamento de tránsito, encontrar dinero y no devolverlo, copiar en un examen, alterar información a un cliente para lograr una venta, por citar algunos ejemplos.
Lo anterior pensando que tenemos una conciencia despierta, es decir que hemos sido educados con valores y sabemos que estamos sujetos a una serie de leyes, lo que significa que podemos comparar un escenario de otro. Hoy en día, el actuar respetuoso y honesto entre las personas se ha convertido en algo extraordinario, por ello ha cobrado gran importancia para las organizaciones de todo tipo y particularmente en nuestro país el trabajar por que la sociedad identifique qué valores hay que enseñar desde casa, qué conductas y actitudes esperan las organizaciones que haya en sus equipos de trabajo y cómo incentivarlos, promoverlos, ¿Cómo lograr que haya mejores niveles de cumplimiento en procesos y normas de conducta?, es uno de los tantos desafíos que existen hoy para las organizaciones.
La Ética es la ciencia de la felicidad definida así por Aristóteles, vista como el medio por excelencia para alcanzar la felicidad, conocida como la Ética de Nicómaco. Nicómaco hijo de Aristóteles recibió esta dedicatoria por amor de su padre, se lo escribe como una guía para lograr la felicidad; escribiendo así, «No basta que la acción tenga un carácter determinado para que la conducta sea justa o buena; es preciso también que el hombre actué de un modo determinado ante todo, que actué a sabiendas; en segundo lugar, que proceda en razón de una decisión consciente y que prefiera esa acción por si misma; finalmente, que actúe desde una posición firme e inquebrantable» Aristóteles, Ética a Nicómaco.
El razonamiento es que toda decisión que nos lleva a tomar acción, exista primero una intención positiva, significa que las acciones nacen en el pensamiento y después actuamos. Si los pensamientos buenos nos llevan a acciones buenas, se logra estar felices. El tomar decisiones basadas en placeres inmediatos o bien una recompensa rápida puede traer como consecuencia que no obtengamos esa felicidad que se espera al final, citando el ejemplo de una persona que decide terminar algo de prisa para salir pronto del trabajo para asistir a una fiesta y al final el resultado sea desastroso, derivado de no concluir el trabajo, ahora pensemos que este trabajo no concluido tiene que ver con la salud de un familiar, es claro que las consecuencias no nos gustarían. Para las organizaciones y quienes colaboramos con ellas es relevante pensar la importancia de las decisiones basadas en la Ética siguiendo los códigos de conducta y en apego a sus valores, siendo este código una guía al colaborador que la organización proporciona, el propósito no es imponer a los colaboradores como deberían actuar y comportarse dentro el negocio. Las personas tenemos libertad y voluntad de elegir, somos a diferencia de otros seres vivos inteligentes y libres, que tendremos normas que nos guiarán para que nuestro actuar sea en apego a construir resultados esperados por las organizaciones en beneficio de todos los que colaboramos con ellas, es aquí donde hacemos referencia al fin común, recordando que al aplicar la Ética en nuestras decisiones, se crea riqueza social, una convivencia más justa y armoniosa.
MBA Miriam Miranda HernándezCo-directora de Capacitat & Crece