En 2015 la revista Molecular Psychiatry publicó que existen diversas áreas del cerebro que se encuentran implicadas en la sensación del miedo, la ínsula bilateral, la corteza cingulada anterior dorsal y la corteza prefrontal dorso lateral.

La ínsula bilateral se encuentra en la superficie lateral de ambos lados del cerebro, por detrás de la cisura de Silvio, en esta sección se integra la información cognitiva, las sensaciones fisiológicas y las predicciones de lo que pasará, también procesa la información de los sentidos y emociones que provienen de la amígdala, de manera que nos permite afrontar situaciones importantes y amenazadoras.

La corteza prefrontal dorso lateral regula la emoción del miedo como vía de salida de las respuestas fisiológicas procesadas inicialmente en la ínsula.

La corteza cingulada anterior dorsal participa en el aprendizaje del miedo y en la conducta de la evitación, así como en la experiencia subjetiva de la ansiedad, es un mediador racional en situaciones de conflicto cognitivo, Cuanto más se activa esa área, mayor es la atención que dedicamos hacia el estímulo; también aumenta nuestra respuesta de miedo.

Cuando la amígdala se activa, desencadena todo el sistema del miedo, entonces nuestro cuerpo reacciona con un aumento de la presión arterial, aumento en la velocidad en el metabolismo, aumento en la glucosa en la sangre, detención de las funciones no esenciales, aumento de la adrenalina, aumento de la tensión muscular, apertura de ojos y dilatación de pupilas. Si bien esta cara del miedo es positiva y producida automáticamente por nuestro maravilloso cuerpo humano, gracias a esta sensación podemos preservar nuestra vida, detectar peligros y proteger a nuestros seres queridos.

Sin embargo, existe otra cara del miedo, la cual actúa sobre las personas como un engaño, como una nebulosa sobre nuestro pensamiento y nuestro actuar. Este miedo nos impide emprender, nos impide creer en nosotros y en lo alto que podemos llegar, este miedo paraliza a las personas cuando están frente a un público, al momento de exponer una idea o proyecto nuevo ante personas importantes; un sentimiento que nos aplasta y nos hace sentir que no valemos nada y que no somos buenos en lo que hacemos, pensamos y decimos. Este miedo nos impide ser exitosos y felices en la vida. Este miedo negativo es posible controlarlo y sacarlo de nuestro sistema, de nuestra mente y finalmente de nuestras vidas, porque lo antes mencionado no es el propósito real del miedo, así que una manera sencilla de controlarlo es reconocerlo y separarlo del miedo positivo, del miedo que nos salva la vida, si logramos separarlo y aislarlo en un rincón de nuestro pensamiento lo podremos controlar y sobre todo enfrentar. Debemos comenzar a sembrar en nuestro cerebro semillas de seguridad y de positivismo, con pequeñas acciones que alienten estos factores podremos crear hábitos en nuestro pensamiento que acabarán con este miedo, creeremos más en nuestro potencial y finalmente nos atreveremos a ser felices y exitosos.

Facilitador: Ing. Abel Ivan Sánchez